sonetos con bicho (work in progress)

la reflexión

llegados a este punto de la cosa
no sé si sé muy bien qué es lo que pienso
ni si lo que pensé lo pienso a solas
o es como una infección del pensamiento–
igual que se te infectan los pulmones
y dicen que se pierde hasta el olfato
(el gusto lo perdimos hace horrores),
también se infectará lo que pensamos,
si es que pensar es cosa de uno mismo
o es algo que creemos que nos pasa
cuando no somos más que un intestino
que a gatas piensa en qué comer mañana.
por suerte en el amor no hay que pensar:
se ama o no se ama, nada más.


la enfermedad

quizás no es enfermar lo que me asusta
si en esa enfermedad me reconozco
y la puedo vivir como una curda
que me suaviza el trance de estar sobrio
y al mismo tiempo siempre me recuerda
que solo estando vivo te enfermás–
o es un finado aquel que no se enferma
o es algo mucho peor: es inmortal.
por eso, quién me quita lo enfermado!
en cambio, sí me asusta el enfermizo
despliegue de estadísticas y cuadros
con el que nos enferman de a poquito.
morir hay que morir; no muere el sol?
mas no con desvergüenza, por favor.


la cifra

primero todo es cero, después uno:
ahí no hay abstracción, la cifra es carne.
cuando aparece el dos ya es otro mundo
y el tres son muchedumbres en la calle.
perdidos cero y uno, ni la resta
ni el pícaro concepto de infinito
podrán pinchar el globo de la ciencia
ni hacer callar al pérfido algoritmo.
después, ya ven, qué importa del después:
la curva del azúcar de las cifras
es como la ecuación de salomé
que aúna la ambición a la impudicia.
si quieren contar algo, pongan huevos
y dejen de sumar huevos ajenos.


la inmunidad

parece que ahora dicen que la posta
está en hacer que todos los malsanos
nos contagiemos como si tal cosa
adentro de un corral, como un rebaño.
de ahí en más el bicho no tendría
más reses que embichar, acaso alguna
(qué le va a hacer, amigue, así es la vida:
usted sería el error que se calcula).
mas hasta que el rebaño se hace inmune
y para mantenerlo en el corral
nos inmunizan contra lo que ocurre
con algo que es muy fácil de inyectar:
atenti, muchachada, no se entreguen
a la oquedad de netflix y sus series.


los muertos

los muertos de las curvas cinceladas
los muertos de los cuadros de colores
los muertos que decoran las mañanas
los muertos aplanados por millones
los muertos de las zonas que no existen
los muertos de las muertes sin futuro
los muertos por motivos inservibles
los muertos de otras causas otros mundos
los muertos de un vivir que es muerte en vida
los muertos que se irán (do not go gentle!)
los muertos que resisten y aún nos miran
los muertos que le dimos a la peste
de quién son esos muertos? me refiero
a si alguien se hará cargo de ese infierno.


el tema

esto es como el refrán de gertrude stein:
el tema es el tema es el tema
y así sin solución de saciedad
a menos que de pronto entre en escena
un tema que, como el amor o un clavo,
desplace al anterior con tal pujanza
que en poco tiempo ni nos acordamos
de qué era lo que hablábamos sin pausa.
los temas son gallinas sin pollitos
que están en situación paradojal:
si ponen muchos huevos, las abrimos,
y si no ponen, al caldero van.
a la gallina de los temas de oro
le fue igual de mal que nos va a todos.


la ocasión

nos mandan un mensaje desde marte
o algún olimpo plácido y remoto:
humanos, el planeta está que arde
y ustedes van derecho viejo al horno;
por eso les mandamos este aviso
en forma de bichito coronado
que ya les está haciendo un estropicio
y va a dejarlos peor que hoy hace un año.
no obstante, como muestra de indulgencia
y en pos del equilibrio universal,
podríamos renegociar la deuda
si ustedes dejan de pelotudear.
nosotros: buen intento, pero gracias–
por algo a la ocasión la pintan calva.


la peste

en mil trescientos y cuarenta y nueve
la peste hará de musa de boccaccio;
a chéspir la epidemia lo convierte
en bardo, porque en londres no hay teatros.
no es nuevo este flagelo. nos visita
con más asiduidad que los mementos
que adornan la memoria preterida
que despolvamos hoy como mamertos.
y cuando se haya ido igual que vino
dejando de recuerdo su covid
al toque olvidaremos lo ocurrido
que es para lo que sirve un suvenir.
la peste es una parte de nosotros
y parte de la peste es lo que somos.


el miedo

hay un poema que escribió un amigo
sobre la enfermedad y sus fantasmas
que es sobrecogedor. mario merlino
no era un poeta de esos de obsidiana
que en son de paz se olvidan del amor:
sus versos eran puro cuerpo y carne
y el tipo desplegaba un vozarrón
que te podía hervir o helar la sangre.
pero este poema con que le hinca el diente
al miedo que se derramó del sida
amenazando al puto con la muerte
nos viene al pelo en esta pesadilla.
ni héroes, dice mario, ni guerreros,
pero eso sí, sin miedo, sí, sin miedo.


el cambio

algo ha cambiado? sí, la información.
en que ha cambiado? en monto o en manera?
acaso no fue siempre el gran motor
incluso por encima de la fuerza?
una herramienta de poder terrible,
un modo de saber que no es saber
sino saber hacer que muchos giles
se metan dócilmente en  la sartén?
no es lo que hicieron desde los chamanes
hasta los maquiavelos o los goebbels?
por qué la información ya no es como antes?
en qué cambió? cambió estructuralmente.
la información actual ya no es un arma:
es un sujeto que hoy nos robó el alma.


el encierro

de pronto descubrimos todos juntos
que fuera estaba adentro y dentro, afuera.
metámonos de prisa en el sucucho,
cerremos las ventanas y las puertas.
al cabo de unos días la baranda
a gas existencial se hizo imbancable:
no es justo que nos tengan por manada,
salgamos a expresar nuestras verdades.
salimos sí, a llenar los nosocomios
que es otro modo de meterse adentro
solo que es un adentro aún más solo
en el que respirar no es ni un derecho.
ahora no sabemos qué carajo
queremos: si ser libres o curados.


la vuelta

volver ha de ser con la frente siempre
marchita a la casita de mis viejos?
no se puede volver a otro presente
que no sea un amasijo de recuerdos?
las luces van marcando mi retorno
como esas luces falsas de los faros
que se encendían en los promontorios
para hacer encallar a los incautos?
o es el retorno eterno que habla nietzsche
o que habla zaratustra o schopenhauer?
no sé, quise el regreso o no lo quise?
podemos regresar o ya es muy tarde?
volver ya no se vuelve, no sean gansos,
se da vuelta a la rueda, en todo caso.


el futuro

benjamin (walter) dice que el futuro
está hecho de ilusiones promisorias
y que el pasado es el futuro que hubo:
un basurero de promesas rotas.
a mí me gusta más lo de erewhon,
la distopía austral de samuel butler,
que no se ocupa de qué se cumplió
si no de por qué no lo vimos antes.
parece que avanzamos en un tren
y en vez de estar de frente a lo que viene
miramos hacia atrás, a lo que fue,
que al alejarse se diluye y pierde.
en tanto que el presente se desliza
sin detenerse, por las ventanillas.


la angustia

de golpe son las cuatro de la noche
o de la madrugada, qué más da,
y el sueño se transforma en un galope
que sube por el pecho a puro gas.
el corazón rempuja, desbocado,
y busca una salida, la que sea;
cerrás la boca fuerte, por si acaso
se le da por salir y latir fuera.
estás por espichar o es es una espina
que decidió aflorar nocturnamente?
te falta el aire o bien te sobra vida?
tenés que despedirte? todos duermen!
la herida existencial palpita a oscuras
y te sonríe: hola, soy tu angustia.


el tedio

de todo tango sale una enseñanza
por más ambigua o abismal que sea;
rencor es uno de esos: cuando acaba
empieza una subtrama paralela.
el tal rencor parece una mascota
a la que un tipo le habla arrepentido
de haberle puesto un nombre tan masoca
que lo deschava siempre a voz en grito.
porque si él mismo se buscó la tumba
qué culpa tiene de eso el animal,
que encima lo acompaña en su amargura
cuando él quiere salir a caminar.
rencor, le dice el tipo, tengo miedo
que no seas rencor, que seas tedio.


la palabra

el sol se está poniendo en el ocaso
(a salvo está el principio de inducción)
y en el ramaje cantan los pajaros;
en paz, medito a solas con mi yo.
se trata de ir vaciando el pensamiento
de todo el lastre que arrastra la mente,
capaz de intoxicarnos más el cuerpo
que las propias toxinas de la peste.
y así yo, en comunión con la natura,
empiezo a despojarme del lenguaje,
reducto del engaño y de la astucia
que nos separa de la tierra madre.
pero un mosquito me pica en la oreja
y todo vuelve a la palabra mierda.


el antídoto

dijo max aub durante una entrevista
un año apenas antes de morir
cuando le preguntaron si existía
un humor propio en la guerra civil:
lo que se llama humor en una guerra
no es eso sino pura propaganda
sin importar el bando del que venga;
no puede haber humor si no hay distancia.
mucho antes freud le daba la razón,
mas solo a medias: cuando los temores
no hallan atajos (y uno es el humor)
germina la locura en los rincones.
el condenado a muerte en el cadalso:
es lunes? qué semana comenzamos!


el disparo

 

el ñato habrá sufrido de criança

el peso atroz de su segundo nombre,

que es como si le dieran a la llama

una manguera por si ardiera el monte.

qué le quedaba? ser milico o cura

o las dos cosas, que es un evangelio

al que arrojar cualquier sombra de duda;

el fondo es una alfombra de esqueletos.

la historia es la de siempre: una escopeta

cargada con lo peor que puede haber

y un mono que no sabe leer siquiera

que acaba disparándose en un pie.

el tema es que el mesiánico disparo

acaba con cien mil. che, vos sos nabo?



el capital

 

el bueno de anselm jappe nos lo advierte:

el capital es como ese rey griego

que por morfeta contrarió a deméter

y ella lo condenó a comer sin freno.

erisictón se apellidaba el ganso

y su apetito cármico, insaciable,

no era de qué ni cómo sino cuánto–

no hay límites abstractos para el hambre.

por eso el que más tiene más devora,

porque lo habita un virus peor que el bicho

que nos arrincóno con su corona

y que, como él, se morfará a sí mismo.

lo peor es que el menú lo incluye todo:

yo, ella, vos, ustedes y nosotros.



la libertad

 

ya somos libres, exclamó el liberto.

con esa paradoja por doctrina

liberó el alma hipotecando el cuerpo

y en nombre del valor vendió la vida.

los libres de este mundo le responden

que eso le pasa por nacer esclavo;

de todos modos ahora tiene un coche,

que es algo que sus padres ni soñaron.

es libre de comprar y de elegir

en quiénes delegar su libertad

y es libre de ser carne de fusil

cuando esa libertad ya está de más.

por nos indigna que nos quiten

la de verdad, la del mercado libre.



el género I

 

así es el cuento de hadas: barbazul

se encierra con su jermu y le comenta

que lo que esconde al fondo es muy común

aunque es mejor que no abra aquella puerta,

no vaya a ser que tenga un desencanto

por algo tan normal y tan frecuente

–que encima está bien muerto y enterrado–

como un tendal sangriento de ex mujeres.

la moraleja, atenti, nunca está

en la locura natural del hombre

sino en que es peligroso ir a chusmear

donde él le dijo que no corresponde.

si al fin ella abre el cuarto del dofón

que aguante como un hombre el mal olor.


el género II

 

el otro cuento de hadas es lucrecia.

aprovechando que el dorima andaba

jugando a los romanos y la guerra,

tarquinio fue al palacio y de dorapa,

cuando acabó la cena, la violó.

después la amenazó con el escarnio:

te mato, culpo a un negro y el honor

del nabo de tu esposo, al recarajo.

él huye y ella, a solas, se debate

entre el veneno lento del silencio

y el rápido veneno del escrache,

sabiendo que ninguno lava el cuerpo.

al no tener salida subversiva,

lucrecia lo denuncia y se suicida.



la ideología

 

de pronto los fascistas de este mundo

advierten una chance en el quilombo.

fascista es el que cuenta los difuntos

como si fueran goles y al aborto

lo considera un crimen de los peores;

fascista es el que entiende la cultura

como una sucesión de ejecuciones:

de órdenes, desahucios o de chusma.

lo que dejó muy claro esta pandemia

es que la ideología es nuestro bicho;

va entrando y cuando al fin se manifiesta

ya es tarde, te atrapó como a un chorlito.

ojini: nuestra propia ideología

se nos va a atragantar como una espina.



la higiene

 

lo principal: lavarse bien las manos;

lavarse por delante y por detrás;

usar jabón o alcohol hidrolizado;

frotar medio minuto sin parar.

un año atrás lavar era un delito

o un acto claro de antiecología;

pilatos se lavó con jesucristo;

también hubo un lavado estalinista;

en krakatoa desbordó la lava;

por qué se lavarán los musulmanes?

le dan la lavativa a quien no caga;

si está lavado hay que cambiar el mate.

tranquilos que, si todo se va al cuerno,

nos lava los pecados un cordero.



la distancia (idea LF)

 

será que la distancia es el olvido?

que ya no volveremos a acordarnos

cómo se abraza el pecho de un amigo

y la amistad será algo escandinavo?

habrá una nueva vida sustentada

en el distanciamiento y en el miedo?

habrá entre vida y muerte una mampara

inmaterial de siete pies y medio?

no es una paradoja que sea igual

lo que separa al muerto de los vivos

que la distancia que hemos de guardar

si no queremos darle asilo al bicho?

si hay que olvidar, por qué no olvidar todo

y así volvemos a abrazar un poco?



la poesía

 

de qué carajo sirve la poesía?

no para una pandemia ni una guerra

ni un meteorito ni una vil llovizna

ni ayuda a que paguemos nuestras deudas.

entonces, los poetas, por qué siguen

cantándole al silencio en el silencio

y al ruido en este ruido en que se vive?

acaso no es, en suma, puro verso?

en todo caso, hélàs, ya no es un arma

cargada de futuro, porque no hay

futuro en el morral con qué cargarla;

con suerte nos lo venderán online.

no sé, no soy poeta, yo traduzco

poemas que me salen como churros.



la pereza

 

fue mi única salida combativa

o, en todo caso, fue la más temprana;

fui perezoso en todo: hasta la tripa

se contagió muy pronto de mi fiaca.

mi formación de vago militante

fue cero teoría y pura siesta;

leer a paul lafargue o bertrand russell

me daban una indómita pereza.

y ahora qué? de pronto los estados

nos quieren obligar a la molicie,

un gesto contrarrevolucionario

y re botón por donde se lo mire.

la fiaca no se impone por decreto–

eso no es fiaca, eso es laburo muerto.



la máscara

 

I

 

persona es una reivindicación

de la modernidad banal e ingenua

que ignora que uno siempre juega un rol

detrás de una carátula grotesca.

por eso rechazábamos el burka

y muchas otras impersonaciones,

creyendo que quien no muestra la trucha

padece una condena o algo esconde.

ahora sin embargo, bien borregos,

nos escondemos tras un antifaz

berreta y perdedor, que encima es feo,

creyendo que es por nuestra libertad.

al menos servirá para una cosa:

para que en nuestra boca no entren moscas.

 

 

II

 

de chico el que tenía mascarita

era el más firme candidato a chorro

o a superhéroe, por pura metonimia:

el todo por la parte por el todo.

ahora sos un clown, un papanata,

un tipo del montón, con menos épica

que una publicidad contra la caspa

que cae como nieve en la careta.

se terminó de prepo el carnaval

y el corso que bailaba a contramano,

bañado en serpentinas y champán,

hoy tiene tos y está hospitalizado.

sacate el antifaz, me conocés?

yo soy el bicho y vos, mi canapé.



el otro


el otro es como el orto, dice el chiste,

y a sartre no le queda más remedio

que ver en el sinónimo de upite

un pálido reflejo del infierno.

ni el cielo ni el infierno: el purgatorio

es el mejor lugar para juntarse

a jugar un fulbito con el otro

y darse pataditas fraternales,

a medias entre el odio visceral

y la amistad sincera y facilona,

que es como dar patente de verdad

a la ilusión que no hay ni hubo corona.

el otro es como un faro en la neblina:

a ratos te da luz y a ratos, minga.



la cultura

 

este soneto es fácil, o parece

que se escribiera solo, sin ayuda

de una corazonada inteligente:

cualquier cosa que hagamos es cultura.

cualquiera? también eso involuntario

que nos lleva la sangre al intestino

y nos avisa de que hay que ir al baño?

sin duda, eso también es adquirido:

la tripa es lo primero en comportarse.

incluso la incultura es la expresión

de las bajas pulsiones culturales

que tanto nos repugnan por su olor.

pues como el bicho viene a demostrar,

cualquier cagada humana es cultural.



el marciano

 

bajó un marciano un día a nuestra tierra

y recorrió las calles nuevamente

de lo que fue new york, pekín, ginebra,

y se encontró con un paisaje agreste:

tremendas estructuras materiales

que sostenían cuevas apiladas

a espaldas de los veros habitantes,

las aves, los reptiles y las ratas.

tretó de hablarles: vengo en son de paz,

no soy un invasor, soy un turista.

las fieras le dijeron qué más da,

la paz no existe, hermano, si no hay guita.

turista o invasor, llegás justito–

con suerte a vos también te mata el bicho.



la conspiración

 

conspiran los bufones contra el rey

y la creencia contra el heresiarca?

conspira la riqueza contra el bien

y la pobreza contra la confianza?

conspira el sacerdote con su dios

porque su iglesia baila en una piedra?

conspira la abejita con la flor

para diseminar la buena nueva?

conspiran los análisis de pis

en contra o a favor de tal vacuna?

conspiran los enfermos por morir?

conspira el bicho contra cualquier cura?

si alguno no conspira en esta vida

es porque está dormido o no respira.



el azar

 

después está el azar, chupate esa!

hay quienes cohabitan con el bicho

de diez a diez sin pestañear siquiera

y quienes sin saberlo lo han sufrido

sin demasiado agobio ni amargura

y lo reparten gratis por las casas

como si fueran cursos de autoayuda

que acaso te autoayudan a palmarla:

o bien los que capaz lo agarran todo,

el tifus, la malaria, el escorbuto,

la sarna, el pesimismo, el mal de ojo,

y sin embargo el bicho no los pudo.

esto es una ruleta y el tahur

apuesta en cada vuelta la salud.



la carne

 

la carne es débil y concupiscente,

por eso dios se arrepintió de una

al darle forma a la materia inerte,

que le montó en dos días una murga.

creó corriendo el alma y su pureza

estuvo a punto de enmendar la carne

hasta que al fin cayó ella también presa

de la ilusión de amar y desgastarse.

mandó por fin el creador a un ninja

llamado inteligencia a que salvara

al alma, cosa que hizo con pericia

tan grande que acabó de amo de casa.

yahvé les mandó el bicho y ahora viven

en poliamor los cuatro tan felices.



el mito

 

parece que hubo un pibe tan fermoso

que los papás consultan a tiresias

por ver si ser muy lindo es un engorro:

si no se mira –informa– no hay problema.

entonces aparece humberto eco

que, transmutado en ninfa, se enamora

del pibe, que lo gasta con desprecio;

la ninfa eco, triste, ya no morfa

y espicha. sus amigas van al cielo

a protestarle a némesis, que alista

una laguna de aguas espejadas

adonde el lindo pibe se arrodilla

para beber. de golpe ve una cara

que lo embelesa: qué chabón tan lindo!

y se zambulle. adentro estaba el bicho.



la derecha

 

existe– es una raza vil de ratas

que salen a comerse las zozobras

de los que están en duda y les fafalta

un jugador o dos en la cocota.

son transparlamentarios ayornados,

fachotes de merluza en la bragueta,

politicuchos sin abecedario

o niños de papá, mamá y la abuela,

señoras que se llevan a la shikse

a golpear las ollas a la calle,

milicos o ex milicos o civiles

que mean en las ollas populares.

y ahora se excitaron con el bicho

y quieren sacar oro del bullicio.



la izquierda

 

no existe– no ha existido desde siempre

y nunca existirá, porque la regla

es que desde el momento en que se siente

irá escurriéndose hacia la derecha

como esas perinolas que de entrada

caían sin parar en todos ponen

y ahora caen siempre en unos sacan

y los que ponen, ponen a montones.

por eso hablar de izquierda es un absurdo,

un modo de endilgarle a lo simbólico

la carga de lograr que en este mundo

la perinola caiga en sacan todos.

y ahora, con el bicho, ha de ocultar

que negoció empujarnos hasta acá.



el color

 

el amo desconfía del esclavo

que es, por definición, un ser a medias,

un animal humano conquistado

que cada dos por tres se le rebela.

no ve que su color lo hace distinto?

no ve que ser distinto lo convierte

en algo separado de sí mismo

que sirve en tanto sirva de sirviente?

qué gana con negar que siendo negro

jamás tendrá un lugar en el walhalla?

la guita no blanquea los pigmentos

ni rompe las cadenas de la raza.

con o sin bicho, el blanco siempre está

inmunizado por la impunidad.



el amor

 

no temo que el amor se desmorone.

es algo tan ligero y tan esquivo

que, aunque ya no sintamos los olores,

lo vamos a oler siempre en el oído,

o a degustar en la manera innata

en que la mano amada se desliza

por la cornisa de la madrugada

sin otra red debajo que las vías.

ya sé que es cursilada hablar de amor

en esta infinidad de mishiadura

y que el amor no ofrece curación–

si acaso, ofrece más montaña rusa.

y sin embargo, hay otra cosa más

a la que nos podamos agarrar?



la ensoñación

 

es esto, calderón, tan solo un sueño?

es esto solo un sueño, lewis carroll?

es este el sueño, bergman, del invierno?

es, chéspir, esto un sueño de verano?

es el delirium tremens de edgar allan

a punto de morirse en nevermore?

es esto el sueño rojo de casandra?

el sueño blanco de madame yvonne?

es esta aquella yegua de la noche

que tanto lo asustaba a jorge luis?

el sueño sublunar? el sueño insomne?

el viaje hacia la noche de celine?

o el sueño de este bicho repentino

que sueña con soñar que nos morimos?



la hipótesis

 

formulación central: no existe el bicho.

marco teórico: quien duda, vive.

variable dependiente: lo que digo.

variable independiente: lo que dicen.

rigor metodológico: ninguno.

estimación de error: bastante grande.

muestreo y universo: todo el mundo.

período: capaz que ya es muy tarde.

demostración: se cae por sí solo.

análisis de datos: no hace falta.

debate: para qué comerse el coco.

anexo: varios gráficos de cuarta.

valoración parcial: pregunte enfrente.

valoración final: no sea soquete.



la hibris

 

querido presidente de la tierra:

se ve que los enanos de tu circo

crecieron y ahora son una pandemia

peor que cuando lo bardeaste al bicho

(decías que tomando lavandina

matabas dos problemas a la vez:

la neumonía y la economía,

y ahora en vez de dos ya suman tres).

vos lo tenés muy crudo, presidente,

con esa cara’e chancho de bazar,

te van a cocinar al escabeche

y no te va a salvar ni el KKK.

te despertás un día rey del mundo

y te acostás boleta, pelotudo.



la serie

 

el infinito grande nunca acaba

y en su frontera gélida y distante

no hay vida viva, solo vida abstracta

e histeria astral: jamás podrás tocarme.

el infinito chico es más cercano

y tiene una salida y una meta;

la alcanza la tortuga paso a paso

pero la liebre corre y nunca llega.

llegamos hasta acá y este infinito

es infinitamente más pequeño

que cuanto se haya dicho sobre el bicho:

cuarenta son más cuatro los sonetos

y aunque la serie pudo ser más lunga,

arrancó liebre y terminó tortuga.

Comentarios

Entradas populares