el momento de la crudité, un ejercicio de nihilismo utópico

a) imaginemos por un instante –breve, para que no punda el cánico– que los heróicos sucesos de l’1 d’octubre de 2017 y las repercusiones de la asonada soberanista de puigdemont y su DUI hubieran derivado en una separación efectiva del estado español represor, monárquico y centralista;

b) imaginemos que durante dos años y pico los catalanes hubiéramos gozado de una bien ganada soberanía como nación independiente (però tot i així europea? no lo sabemos);

c) imaginemos que, a trancas y barrancas, se hubiera avanzado en la construcción de un estado propio, con sus fuerzas de seguridad, sus ministerios, sus embajadas en todo el mundo (su política exterior, digamos), su financiación propia (con qué organismos? el FMI? la CCE y el BE? china? estonia e islandia? nadie?), su negociación de la deuda (esta sí me la sé: con españa), su barça en la champions, su nacionalización lingüística, su salud pública recortada pero bien nuestra;

d) imaginemos que la mitad no soberanista de catalunya se hubiera dejado de cretinadas españolistas y hubiera acompañado con cierta decencia y sensatez el proceso de construcción nacional;

e) imaginemos que la mayoría de empresas que huyeron o amagaron con huir en 2018 se hubieran quedado quietas paradas en suelo fiscal catalán, en un ejemplo de humildad y lealtad para con la tierra en la que crecieron sus activos;

f) imaginemos que en enero 2020 estuviéramos en condiciones de asomarnos al concierto de las naciones con con algo más que la etiqueta de ganadores morales;

g) imaginemos que en esas condiciones y coyuntura se desatase una pandemia generada por un nuevo virus, devastador e imprevisible, que causase cientos de miles de muertes en todo el mundo;

h) imaginemos catalunya en marzo de 2020;

i) bonito panorama, no, mártires del bullicio?

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