un apocalipsis prêt-á-porter
hay un virus que planea por toda europa. qué digo europa: por todo el mundo. es el virus del ausentismo intelectual. hemos perdido algo peor que la moral y las buenas costumbres, el respeto, la generosidad. hemos perdido o estamos perdiendo la capacidad de pensar más acá del principio del placer. en lo inmediato, en lo que hace a los instintos básicos, somos analfabetos estructurales, personas sin raciocinio. carne de cañón para el producto estrella del poder: los apocalipsis en cómodos plazos.
el de este año se llama covid, y hasta ahora se ha demostrado como un artículo excelente. nunca se sabe cuándo un artículo va a vender, cuándo un libro será un best-seller o un fiasco, cuándo un brebaje marrón y empalagoso llenará las heladeras de los hogares del mundo; el único modo de averiguarlo es lanzando toda clase de cosas al mercado y apostando por aquellas que consiguen mantenerse a flote más allá de sus virtudes potenciales. un poco más o menos como lo que hace dios con la selección natural: el bicho simpático pero torpe e inútil acaba por dejarle el nicho al que se adaptó mejor a la miseria del medio. dios echa a adán y eva del paraíso porque la abundancia los está ablandando. lo de la serpiente y la manzana es un cuento chino.
este nuevo producto apocalíptico cuenta, además, con una arqueología somera pero enjundiosa, viene precedido por antecesores ilustres que tampoco lo hicieron mal, surgió, mutatis mutandis, donde tenía que surgir, se desplegó con la eficacia deseada y pegó duro donde tenía que pegar. es feo decirlo pero en un mundo que se llena de viejos (y yo soy uno), toda perspectiva es cruel. pero, aunque acabe encontrando su punto crítico tarde o temprano, porque esa también es ley divina, ya habrá cumplido de sobras con las expectativas. gracias a sus características paradojales, basadas sobre todo en el no saber (porque el saber, para la ciencia, equivale al saber matar), el virus y la enfermedad que transmite ha permitido realizar una serie de ensayos de amplio alcance social e incluso demográfico que ni te cuento.
lo primero: su divulgación mediática ha dirigido la demanda hacia determinados artículos que nadie en su sano juicio consumiría a diario ni tendría estoqueados en casa. el primer impacto es casi siempre ese: no el temor a la enfermedad o a la muerte siquiera sino a la carencia, a la disminución radical del hiperconsumo. casi es peor que nos limiten la capacidad de comprar que la de movernos libremente, aunque eso también es artículo de mercado hoy en día. de modo que el poder toma nota: la gente puede quedarse en casa mientras no se le impida comprar. ahora bien, qué gente puede quedarse tranquila y confortablemente en casa? poca. porque si lo hicieran todos, se rompería la cadena de consumo. es decir que los medios (ojo con los cruceros de lujo!) se dirigen sobre todo a los pudientes. el miedo a este virus es un miedo burgués. que es el miedo al que hay que tenerle miedo, porque es el miedo que maneja el dinero. de ahí los ensayos como este. cómo se comporta el dinero (es decir, la confianza liberal en el dinero) en escenarios de apocalipsis prêt-á-porter?
desde mi humilde ignorancia, este virus, como tantos otros de nueva estirpe, anda dando vueltas por ahí desde hace un buen tiempo. seguramente habría que atribuirle algunas de las muchísimas muertes derivadas de las gripes, que son sus primas hermanas, y si no circuló antes con tanto éxito fue quizás porque el mundo no se había recalentado aún lo suficiente o porque los receptores de proteínas estaban ocupados por otros bichos más jodidos (que la ciencia finalmente supo saber matar) o porque había otros ensayos en curso o porque dios nos va poniendo a prueba aleatoriamente o porque la china se avecina demasiado peligrosamente. de todo ello se deriva que los así llamados infectados podríamos ser legión, lo cual no es un dato apocalíptico sino todo lo contrario, porque reduce el índice de mortandad de manera radical.
lo que está claro es que se vienen cambios. más allá del estupor general y del negocio evidente que puedan hacer algunos (la vacuna será un éxito que deberá compensar el fracaso de las anteriores), es evidente que estos ensayos en vivo generan nuevos protocolos de control social, restricción de movimiento, información global, en definitiva, de pensamiento, que se inyectan en la sociedad con mucho mayor sutileza que las propias vacunas salvadoras. cómo no se dieron cuenta antes? un virus basta para diezmar las protestas sociales. por ahora son modelos costosos, incluso peligrosos para el propio sistema neoliberal, pero esta gente siempre ha sido un poco suicida, sobre todo con la vida de los demás. primero desmantelan la sanidad pública, después socializan el contagio masivo.
así que lavémonos las manos pero no dejemos de pensar, ni de aferrarnos al goce. compartido. es de pura lógica sanitaria.
el de este año se llama covid, y hasta ahora se ha demostrado como un artículo excelente. nunca se sabe cuándo un artículo va a vender, cuándo un libro será un best-seller o un fiasco, cuándo un brebaje marrón y empalagoso llenará las heladeras de los hogares del mundo; el único modo de averiguarlo es lanzando toda clase de cosas al mercado y apostando por aquellas que consiguen mantenerse a flote más allá de sus virtudes potenciales. un poco más o menos como lo que hace dios con la selección natural: el bicho simpático pero torpe e inútil acaba por dejarle el nicho al que se adaptó mejor a la miseria del medio. dios echa a adán y eva del paraíso porque la abundancia los está ablandando. lo de la serpiente y la manzana es un cuento chino.
este nuevo producto apocalíptico cuenta, además, con una arqueología somera pero enjundiosa, viene precedido por antecesores ilustres que tampoco lo hicieron mal, surgió, mutatis mutandis, donde tenía que surgir, se desplegó con la eficacia deseada y pegó duro donde tenía que pegar. es feo decirlo pero en un mundo que se llena de viejos (y yo soy uno), toda perspectiva es cruel. pero, aunque acabe encontrando su punto crítico tarde o temprano, porque esa también es ley divina, ya habrá cumplido de sobras con las expectativas. gracias a sus características paradojales, basadas sobre todo en el no saber (porque el saber, para la ciencia, equivale al saber matar), el virus y la enfermedad que transmite ha permitido realizar una serie de ensayos de amplio alcance social e incluso demográfico que ni te cuento.
lo primero: su divulgación mediática ha dirigido la demanda hacia determinados artículos que nadie en su sano juicio consumiría a diario ni tendría estoqueados en casa. el primer impacto es casi siempre ese: no el temor a la enfermedad o a la muerte siquiera sino a la carencia, a la disminución radical del hiperconsumo. casi es peor que nos limiten la capacidad de comprar que la de movernos libremente, aunque eso también es artículo de mercado hoy en día. de modo que el poder toma nota: la gente puede quedarse en casa mientras no se le impida comprar. ahora bien, qué gente puede quedarse tranquila y confortablemente en casa? poca. porque si lo hicieran todos, se rompería la cadena de consumo. es decir que los medios (ojo con los cruceros de lujo!) se dirigen sobre todo a los pudientes. el miedo a este virus es un miedo burgués. que es el miedo al que hay que tenerle miedo, porque es el miedo que maneja el dinero. de ahí los ensayos como este. cómo se comporta el dinero (es decir, la confianza liberal en el dinero) en escenarios de apocalipsis prêt-á-porter?
desde mi humilde ignorancia, este virus, como tantos otros de nueva estirpe, anda dando vueltas por ahí desde hace un buen tiempo. seguramente habría que atribuirle algunas de las muchísimas muertes derivadas de las gripes, que son sus primas hermanas, y si no circuló antes con tanto éxito fue quizás porque el mundo no se había recalentado aún lo suficiente o porque los receptores de proteínas estaban ocupados por otros bichos más jodidos (que la ciencia finalmente supo saber matar) o porque había otros ensayos en curso o porque dios nos va poniendo a prueba aleatoriamente o porque la china se avecina demasiado peligrosamente. de todo ello se deriva que los así llamados infectados podríamos ser legión, lo cual no es un dato apocalíptico sino todo lo contrario, porque reduce el índice de mortandad de manera radical.
lo que está claro es que se vienen cambios. más allá del estupor general y del negocio evidente que puedan hacer algunos (la vacuna será un éxito que deberá compensar el fracaso de las anteriores), es evidente que estos ensayos en vivo generan nuevos protocolos de control social, restricción de movimiento, información global, en definitiva, de pensamiento, que se inyectan en la sociedad con mucho mayor sutileza que las propias vacunas salvadoras. cómo no se dieron cuenta antes? un virus basta para diezmar las protestas sociales. por ahora son modelos costosos, incluso peligrosos para el propio sistema neoliberal, pero esta gente siempre ha sido un poco suicida, sobre todo con la vida de los demás. primero desmantelan la sanidad pública, después socializan el contagio masivo.
así que lavémonos las manos pero no dejemos de pensar, ni de aferrarnos al goce. compartido. es de pura lógica sanitaria.
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