hablemos de cuestiones de género

me parece no sólo bien sino esencial y necesario que hurguemos en la superficie (medios de prensa, poder) y los intersticios (viandantes de a pie) del discurso superestructural imperante para detectar los rasgos machistas (entiendo todo sexismo o fobia de género actuales como machismo) que se disfrazan, disimulan o imponen como "normales" o "naturales" para así poder denunciarlos y, con suerte, desactivarlos o tender a su desactivación efectiva y duradera.
sin embargo, soy de la firme convicción de que si ese esfuerzo superestructural no se condice con un trabajo paralelo de cambios estructurales reales (en el sentido más marxista de la cosa, es decir, en las condiciones laborales y económicas que subyacen a esas manifestaciones "naturales") tendientes a la igualdad de oportunidades y retribuciones, estaremos entrando en un bucle neurótico y neurotizante que no beneficia a nadie más que a quienes se pretende denunciar.
hoy vivimos un estado paradójico de cosas: mientras los discursos de denuncia superestructural avanzan a gran velocidad, a veces sin la posibilidad de una mirada reflexiva ad hoc, multiplicándose y complejizándose hasta crear constantes categorías nuevas, la estructura pura y dura no sólo no avanza a la par sino que NO AVANZA e incluso se diría que retrocede. en muchos casos y segmentos del campo laboral hemos ido claramente hacia atrás, de tal modo que la precariedad actual también empieza a percibirse como "normal" o "natural". o sea, se han perdido importantes conquistas estructurales por el camino. de ahí que me preocupe la excesiva focalización del problema de género en los discursos y manifestaciones superestructurales versus el abandono de los terrenos históricos de lucha social y laboral.
si alguien acepta con resignación la precarización del trabajo pero es implacable en la denuncia de los discursos y actitudes machistas, está haciendo la cosa a medias; o atendemos ambos aspectos o nos vamos derechito a la frustración y el resentimiento.

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