lo Normal, lo Ideal y lo Real.

cada vez que hay un conflicto, y eso equivale a decir siempre, concurren a la vez tres instancias, como si soltáramos una liebre y salieran corriendo detrás distintos lebreles. a veces llega primero uno, a veces otro, pero los rezagados no tardan en alcanzarlo y hacerse con distintos cachos del objeto, liebre o conflicto o síntoma o whatever. 

desde hace, no sé, siglos?, la parte del león del asunto catalán se la vienen repartiendo alternativamente lo Normal y lo Real, y el lebrel de lo Ideal se queda con lo que los otros dos le dejan. tantos siglos de reparto desparejo han engordado a Normal y robustecido a Real, que suele quedarse con hambre y ganas de más, mientras que Ideal, cada vez más flaco, ha desarrollado nuevos estímulos y mecanismos para comer carne y no tener que conformarse con lamer hueso. pero las características de los lebreles no son gratuitas: Normal come más y mejor porque se aprovecha del temor de la liebre a Real e Ideal por partes iguales: ven conmigo, liebrecita, que Real es un sanguinario e Ideal un iluminado; yo soy normal, no ves? 

cuando eso no ocurre y la liebre desconfía de Normal, Real no desaprovecha su oportunidad. el gran problema de Ideal es que para comer más liebre se tiene que parecer a Real si quiere después parecerse a Normal, que es su aspiración última. Ideal querría ser Normal sin tener que ser Real, de ahí su angustia. y por eso a menudo se conforma con comer quinoa o hamburguesa de seitán, pero hacerlo ahonda su angustia porque lo que se mete en la tripa es un doble, un fantasma (con perdón de los vegetarianos por la inoportuna imagen). casi es mejor quedarse con hambre y rugir de angustia, temor y rabia. 

Normal, mientras, se ha tumbado a esperar que Real termine de perseguir al objeto para sentarse a comer opíparamente como siempre, porque la liebre, al final, también anhela ser devorada con normalidad.

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