en el tremedal

cuando este tremedal termine y todos volvamos a nuestras anodinas virtualidades, me preguntó qué autocrítica seremos capaces de hacernos todos. los tibios o equidistantes primero que nadie, por no haber sabido sentir con el cuerpo lo que muchos otros se habían dado la libertad de sentir y por querer hacer pasar todo a través del antipático tamiz de la mesura cuando el momento exigía, quizás, actitudes más calientes y descentradas; pero también los independentistas de corazón abierto, que no querían ver con la razón lo que sus latidos preferían transformar en indisolubles razones; y por último los españolistas sinceros, por su incapacidad para entender que la realidad es plástica y que cuando el río ruge agua lleva, y el electroshock no es la mejor de las acequias. 

pero todos, todos, todos deberíamos preguntarnos juntos por qué seguimos confiando en líderes que no son tales, en políticos que no llegan ni a ideólogos, en patriotas que no quieren perder ni el más miserable privilegio. por qué les creemos lo que nos mienten, por qué les consentimos las cobardías, por qué nos tragamos sus vergüenzas, por qué toleramos que nos culpen de no cerrar los dos ojos cuando nos están desvalijando a cara descubierta. y también deberíamos preguntarnos por qué no pensamos en que nuestros actos de pequeño burgueses embanderados ponían en riesgo la estabilidad precaria y trabajosa de quienes conforman la base de la estructura de clases; es decir, por qué no entendimos que nuestra sed de relato era tan narcicista que jodía directa o indirectamente a quienes siempre quedan fuera de las gestas puramente ideológicas. 

me pregunto cuándo llegará y cuán profunda será esta autocrítica, y hasta qué punto sabremos ser responsables de lo que generamos, cada cual en su propia medida. me pregunto si el victimismo nos dejará ver el bosque y si el justicierismo nos permitirá ver los árboles, y si habremos aprendido algo de todo esto o solo lo recordaremos como el año que vivimos semi cuasi peligrosamente. porque por ahora solo oigo cocoreos autoindulgentes por todos lados.

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